Cavilación
Sin embargo, muchas personas nacen en la miseria y se conforman con quedarse allí para siempre, pues, no tienen el coraje de sentar sus reglas y aceptan las del otro sin plantear la menor objeción, se despiertan cada mañana y no tienen la capacidad de aportar nada constructivo a la sociedad.
Es inaceptable que en este siglo aún existan quienes creen en estratagemas y prefieren discursos vacíos antes que acciones contundentes, que mendigan lo que por derecho les corresponde y no hacen el mínimo esfuerzo por exigir esas prerrogativas mediante los mecanismos idóneos.
Esos mismos que se quejan de que vivimos en una sociedad corrupta, pero que cuando tienen la oportunidad de cambiar el destino de nuestro país, son los primeros en impulsar el clientelismo, en permitir la malversación de los recursos del Estado, en propagar el populismo, en atentar contra nuestra democracia y nuestro Estado social de derecho, en pisotear los valores y los legados a la luz de los cuales se forjó nuestra Patria.
¿Cómo somos capaces de negarnos el país que soñamos? ¿Cómo cohibimos a nuestros jóvenes de una nación con mejores oportunidades, donde sus ideales se auguren de la esperanza de convertirse en realidad?, ¿Cómo les vedamos de un espacio donde puedan vivir en un ambiente sano y seguro?, ¿Cómo les explicamos a las generaciones futuras que no pueden tener acceso a una educación digna, a un sistema de salud de calidad, a un empleo con un salario decente y a una seguridad social eficiente?
¿Cómo tenemos la osadía de ser tan egoístas, que procuramos intereses particulares a expensas de la desdicha de tantos otros que no tienen acceso ni siquiera a un mínimo existencial que les garantice una vida digna?
La nación somos todos, por lo que se hace urgente empezar por exigir que se respeten nuestros derechos y aprender a elegir las mejores opciones. Es tiempo de despertar y de ver que hemos sido engañados por muchos años, es hora de reflexionar sobre lo malogrado de nuestro Estado y de comprender que sólo se avanza cuando la sociedad toma por sus propias manos el rumbo de su destino y se hace arquitecta de su propia historia.
- Liz.



Muy bien, me gustó.
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